¿Qué cambió para explicar la explosión de la obesidad y otras enfermedades crónicas?
Por el Dr. Mario Kamelman — Endocrinología, Medicina Interna y Neurociencias
Un viaje en el tiempo: de cazadores recolectores a sociedades urbanas
La historia de la salud humana está íntimamente ligada a la historia de la sociedad.
En el Neolítico, cuando el ser humano dejó de ser nómada y adoptó la agricultura, aparecieron nuevas enfermedades:
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Déficits nutricionales por menor diversidad de alimentos, con anemias y carencias vitamínicas.
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Intoxicaciones por almacenamiento precario de granos y alimentos.
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Zoonosis derivadas de la crianza animal, como ántrax, brucelosis y tuberculosis.
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Enfermedades peridomésticas, como peste bubónica o salmonella.
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Contagios familiares, favorecidos por el hacinamiento en espacios cerrados, como malaria o fiebre amarilla.
Con la urbanización, las epidemias infecciosas se multiplicaron, vinculadas a la falta de agua potable y sistemas de saneamiento.
De la revolución industrial a la era de los antibióticos
En la 2ª y 3ª Revolución Industrial, las epidemias se hicieron endémicas. Tras la gripe española (1918-1919) y el inicio de la era antibiótica, la esperanza de vida aumentó drásticamente. Sin embargo, emergieron las llamadas “enfermedades de la civilización”, ligadas al estilo de vida moderno:
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Obesidad
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Enfermedades cardiovasculares
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Hipertensión arterial
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Diabetes tipo 2
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Depresión
Algunos autores, como Lange, prefieren verlas como la expresión de “prácticas sociales incorporadas” más que como simples fallas biológicas.
Hoy, en plena 4ª Revolución Industrial, con la globalización y el transporte masivo, vemos un resurgimiento de enfermedades infecciosas (como la COVID-19), mientras las enfermedades crónicas siguen expandiéndose.
🔗 Historia de la salud y transiciones epidemiológicas – OMS
Un cuerpo ancestral en un mundo moderno
El punto central es que nuestro cuerpo y metabolismo son prácticamente iguales a los del ser humano de hace 40.000 años. Pero el entorno cambió de manera radical.
El ser humano primitivo:
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Caminaba 20 o 30 km diarios para cazar o recolectar.
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Comía alimentos naturales, con ayunos prolongados entre cada comida.
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El gasto energético era enorme y el acceso a la comida, limitado.
Hoy:
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Tenemos comida a un clic, en la heladera o por delivery.
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Gran parte de lo que comemos son alimentos ultraprocesados ricos en azúcares, grasas trans y aditivos.
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El sedentarismo y el estrés crónico son la norma.
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Los eventos sociales y culturales (cumpleaños, celebraciones, incluso funerales) están atravesados por banquetes.
El resultado es un choque entre nuestro diseño biológico ancestral y el nuevo estilo de vida.
🔗 The Global Syndemic of Obesity, Undernutrition, and Climate Change – The Lancet
La resistencia a la insulina: el factor común
Obesidad, hipertensión, enfermedad coronaria, diabetes tipo 2 e incluso ciertos tipos de cáncer tienen un denominador común: la resistencia a la insulina.
La insulina es una hormona producida por el páncreas que permite que la glucosa entre a las células para ser usada como energía o almacenada.
Cuando los niveles de glucosa e insulina permanecen elevados durante años —por exceso de ultraprocesados, sedentarismo y estrés crónico— el cuerpo deja de responder de manera eficiente.
Esto genera un círculo vicioso:
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Mayor acumulación de grasa, sobre todo abdominal.
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Inflamación crónica de bajo grado.
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Deterioro progresivo del sistema cardiovascular y metabólico.
🔗 Insulin Resistance and Its Role in Chronic Disease – National Institutes of Health (NIH)
Reflexión final
La historia nos muestra algo claro: las enfermedades de cada época siempre estuvieron ligadas a los cambios sociales. Hoy vivimos la paradoja de tener más alimentos disponibles que nunca, pero también más obesidad y más enfermedades crónicas.
El desafío de nuestro tiempo no es sobrevivir a la escasez, sino aprender a convivir con la abundancia. Y hacerlo de manera consciente, con una mirada que integre ciencia, cultura, emociones y hábitos.
👉 En próximos artículos, profundizaremos en cómo nuestros hábitos cotidianos —alimentación, sueño, actividad física y manejo del estrés— pueden ayudarnos a revertir la resistencia a la insulina y recuperar el equilibrio perdido.

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