Somos cazadores-recolectores viviendo en la 5ª Revolución Industrial
Somos cazadores-recolectores viviendo en la 5ª Revolución Industrial
Por el Dr. Mario Kamelman — Endocrinología, Medicina Interna y Neurociencias
Aunque hoy vivamos rodeados de dispositivos inteligentes, inteligencia artificial y alimentos disponibles las 24 horas, la fisiología del Homo sapiens sigue siendo —en esencia— la de un cazador recolector. Nuestros genes, nuestras hormonas, nuestras emociones y nuestros ritmos biológicos fueron diseñados para un entorno completamente distinto al actual. Y esta desarmonía entre biología ancestral y vida moderna está en la base de muchas de las enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT) que vemos hoy: obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión, hígado graso, trastornos metabólicos y enfermedades cardiovasculares.
En otras palabras: nuestro cuerpo sigue viviendo en la prehistoria, pero nuestro entorno pertenece al futuro.
Un diseño biológico que no ha cambiado al ritmo de la sociedad
El ser humano evolucionó para:
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mover el cuerpo todos los días,
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alimentarse de alimentos naturales y estacionales,
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dormir de noche y estar activo de día,
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enfrentar períodos de escasez intercalados con períodos de abundancia.
Hoy sucede exactamente lo contrario:
nos movemos poco, comemos en exceso, dormimos mal, vivimos estresados y tenemos acceso permanente a alimentos ultraprocesados diseñados para estimular nuestro sistema de recompensa.
Este desajuste genera un “cortocircuito” bioemocional que predispone a las ECNT.
La historia genética que nos juega en contra
Un ejemplo claro de esta falta de sincronía entre biología y mundo moderno es la pérdida de la enzima uricasa.
Hace unos 15 millones de años, nuestros antepasados experimentaron mutaciones que hicieron desaparecer esta enzima, cuya función era degradar el ácido úrico. En aquel contexto evolutivo —con escasez de frutas y largos períodos de hambruna— esta mutación fue una ventaja:
ayudó a conservar energía, almacenar grasa y soportar condiciones climáticas adversas.
Hoy, en un mundo de exceso calórico y sedentarismo, ese mismo rasgo se vuelve un problema:
contribuye a niveles elevados de ácido úrico, mayor inflamación, hipertensión y trastornos metabólicos.
Estudios clásicos y contemporáneos analizan esta transición evolutiva y su impacto actual (Oda et al., 2002; Johnson et al., 2003), mostrando cómo un mecanismo que alguna vez nos salvó la vida hoy nos perjudica.
Un metabolismo antiguo enfrentado a estímulos modernos
La dieta moderna —rica en fructosa industrial, bebidas azucaradas, alimentos ultraprocesados y sales ocultas— activa vías metabólicas que nuestros ancestros solo experimentaban de forma ocasional. Hoy se activan todos los días.
Por eso vemos:
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aumento del ácido úrico y resistencia a la insulina,
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inflamación crónica de bajo grado,
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mayor almacenamiento de grasa visceral,
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alteraciones en la presión arterial,
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disfunción metabólica generalizada.
Nuestro cuerpo, diseñado para sobrevivir en la escasez, interpreta la abundancia como una señal de alarma.
Un enfoque integral para entender y prevenir las ECNT
Comprender esta “discordancia evolutiva” es fundamental para abordar la encrucijada nutricional actual. No se trata solo de contar calorías o evitar alimentos específicos, sino de reconectar nuestros hábitos con las necesidades reales del cuerpo humano.
En los próximos artículos profundizaremos en tres áreas clave:
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Cómo la dieta moderna activa circuitos ancestrales de almacenamiento de energía
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El papel de los tres cerebros: encefálico, entérico y cardíaco en las decisiones alimentarias
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Cómo el estrés crónico amplifica los trastornos metabólicos
Mi mensaje final como médico
Después de décadas acompañando pacientes, veo una y otra vez lo mismo:
no estamos fallando como individuos; es el entorno el que nos enferma.
La buena noticia es que, cuando entendemos cómo funciona nuestro cuerpo, podemos recuperar el control.
Pequeños cambios sostenidos permiten reentrenar al organismo para volver a un ritmo más sano, más humano y más coherente con nuestra biología.
Referencias
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Oda M, Satta Y, Takenaka O, et al. Loss of urate oxidase activity in hominoids and its evolutionary implications. Mol Biol Evol. 2002;19:640–653.
https://doi.org/10.1093/oxfordjournals.molbev.a004118 -
Johnson RJ, Kang DH, Feig D. Is there a pathogenetic role for uric acid in hypertension and cardiovascular and renal disease? Hypertension. 2003;41:1183–1190.
https://doi.org/10.1161/01.HYP.0000069700.62727.C5 -
Scott GS, Hooper DC. The role of uric acid in protection against peroxynitrite-mediated pathology. Med Hypotheses. 2001;56:95–100.
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Watanabe S, Kang DH, Feng L, et al. Uric acid, hominoid evolution and the pathogenesis of salt-sensitivity. Hypertension. 2002;40:355–360.
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Orowan E. The origin of man. Nature. 1955;175:683–684.
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